lunes, 20 de noviembre de 2017

MIGUEL HERNÁNDEZ SEGÚN DÍEZ DE REVENGA

Francisco Javier Díez de Revenga. Miguel Hernández: en las lunas del perito. Introducción: Aitor L. Larrabide. Orihuela. Fundación Cultural Miguel Hernández. 2017. Biblioteca Hernandiana · Varia. ISBN: 978 - 84 - 942823 - 6 - 2.
Cuando era algo poco más que jovencito, buscaba los libros de Miguel Hernández en librerías que los vendían, generalmente de la editorial Losada. Eran libros prohibidos por la censura franquista y ya sabíamos a lo que nos exponíamos si éramos descubiertos. Era como el contrabando, pero intelectual. Cuando llegó la transición, algún partido político, que parecía habernos salvado la vida, se apropió, al menos así lo interpreté, de su figura y obra. Entonces me alejé del poeta. Llevaba a mis alumnos a su casa de Orihuela y le dedicaba el tiempo que se me ocurría. Pero le perdí la devoción que le había tenido. ¿Quién es nadie para raptar la obra del poeta oriolano y la de Antonio Machado y levantarla como estandarte de liberación? Todo era Hernández y Machado. En cualquier conversación salían Machado y Hernández. Aquello me mataba porque parecía un salvoconducto para dar entender que se estaba de su lado político o que cada uno era un experto en estos poetas que fueron carne de exilio y de prisión. No era lo afectivo, era lo político. No quiero que nadie me dirija hacia ninguna parte, no quiero que nadie me libre de nada, ni que nadie me salve de la vida, pues de la vida me acuerdo. Porque quien lo decía lo repetía como consigna, además, sin haberlo leído. Hay que dejar a cada persona con su pequeña historia personal y no marcar directrices. Ni enseñar, como un atributo de poder para machacar con la auctoritas. Es el puro testimonio lo que atrae a los demás.
Aquí está este escaparate y sólo el que lo desea lo mira y lo lee. No es el tolle et lege  agustiniano que siempre me ha parecido imperativo. Aquí sólo se lee por voluntad propia. De cuando en cuando, releo al poeta del que se apropiaron sin necesidad, sí para mostrar como bandera una víctima del franquismo, por ello repudiable. Me refiero al franquismo, no a los que me lo quitaron de mi referencia. El poeta debió de quedar a disposición de sus lectores. Pero... Sin embargo, este libro me ha interesado porque me ha puesto en contacto con aspectos literarios y biográficos que, si eran interesantes entonces, ahora lo son más, recobrada la perspectiva y borrado ya por el tiempo y la distancia aquello que me molestó en la transición y años posteriores. Sobre todo me ha permitido cambiar mi chic sobre el poeta y darme cuenta de que mi alejamiento sólo me perjudicó a mí mismo.
Tengo noticia de la Fundación Miguel Hernández. Sé de su trabajo. Del trabajo del Director de la Fundación Cultural Miguel Hernández, Aitor L. Larrabide, quien escribe la introducción del libro. Leyendo el prólogo, quizá no haga falta leer este resumen. Aunque, si no se lee, siempre faltará una opinión. También he destacado en Puente Atlántico, en otras ocasiones, la labor intelectual del catedrático, ya emérito, de la Universidad de Murcia Dr. D. Francisco Javier Díez de Revenga, a quien corresponde la autoría de este libro que ha sido editado con sobriedad, pero con gusto. Se acompaña de algunas fotografías que ilustran los diecinueve capítulos de que consta el libro. Antes de comentar el contenido, quiero detallar la dedicación intelectual del profesor Díez de Revenga al escritor de Orihuela: Estudios literarios: uno. Ediciones: seis. Artículos en revistas académicas y universitarias: veintisiete. Reseñas: seis. Congresos: dieciocho. Capítulos de libros: catorce. Artículos de prensa: veinticinco. Cursos y conferencias: treinta y cinco. Suficiente bagaje para calificarlo como especialista en el poeta Miguel Hernández y hacerlo con la brillantez que acostumbra. Sus artículos dan muestra de sus conocimientos y los datos que entrevera indican horas de investigación, pues su investigación no se comprendería sin pensar en las revistas, periódicos y libros que ha debido leer para transmitirnos cuanto vamos a leer.
Son diecinueve los capítulos que lo componen, todos independientes, todos relacionados, escritos en fechas diversas, a partir de 1971. Se refieren a aspectos biográficos, porque es obvio saber del personaje, y a otras varias -silua de varia leccion- temáticas referentes al poeta y sus influencias y concatenaciones con otras épocas, incluso la actual. Díez de Revenga conoce perfectamente una sólida bibliografía, la que maneja y le es útil, y domina otros recursos y los resortes de quien está acostumbrado a relacionar, inferir, deducir y entremezclar saberes. Podría haber introducido la relación de Bleiberg con Hernández en la cárcel de Torrijos, como un referente más de la amistad de la generación del 36. Pero esto es sólo una anécdota, porque ese primer capítulo sirve para construir el entramado que lo va a proyectar hacia aventuras de mayor trascendencia, mapa tan bien trazado que analizará las relaciones regionales y las nacionales del poeta. Sin olvidar, por supuesto, cuanto encuentra en la obra de Miguel Hernández desde 1933. Así hace con Perito en lunas y los poemas que quedaron fuera, octavas reales brillantes que no desmerecen en valor literario de las que eligió para el libro.
La relación de Miguel Hernández con los literatos de Murcia, el diario La Verdad y la revista Sudeste  queda especificada y clarificada. Por aquel entonces, en la Universidad de Murcia tuvieron su cátedra Jorge Guillén (1926-1929) y Joaquín de Entrambasaguas (1934-1941). Eso quiere decir que las actividades literarias aumentaron, por ser profesores y escritores, así como las relaciones con localidades cercanas, como son Cartagena (Carmen Conde, Antonio Oliver, María Cegarra), Orihuela (Miguel Hernández, Ramón Sijé) y con menor intensidad Lorca (Antonio Para Vico, Miguel Gimeno Castellar), ciudad que no consigue tener un literato de la valía de los de Cartagena u Orihuela. Vuelvo aquí a reseñar las relaciones entre Entrembasaguas y Germán Bleiberg, pues aquel fue profesor de Bleiberg, cuando este sale de la cárcel de Torrijos, en la que fue seis meses compañero de Miguel Hernández, y de Alfonsa de la Torre, que fue también su alumna y becaria en el CSIC. Entrambasaguas era entonces profesor de la Universidad de Madrid y fue director de la tesis doctoral de la poeta de Cuéllar sobre Carolina Coronado.
Pero no son estas relaciones las únicas que analiza el profesor Revenga sino que, por un lado, se ocupa del valor dialectal de la poesía de Miguel Hernández en un serio estudio filológico. Así se va entretejiendo la presencia de Miguel Hernández en la literatura y en la tierra, así analiza las tres heridas del poeta, amor, muerte y olvido, es decir, manifiesta cómo bebe la poesía del oriolano de la tradicional, lo que contribuye a difuminar aquel sambenito de poeta inculto. Porque Díez de Revenga se ocupa también de la conexión entre la poesía de la vanguardia y de la generación del 27. El profesor Revenga inicia el libro tirando una piedra al centro de la laguna poética del poeta de Orihuela y la onda expansiva nos ha conducido a numerosos lugares en donde se ven los antecedentes, la huella o la presencia de otros poetas. Y, de este modo, nos sumergimos, al llegar a los clásicos, en la influencia de Lope y de Góngora en la poesía o teatro del poeta Miguel Hernández. La versificación clásica hernandiana sólo puede proceder de la lectura de estos grandes poetas. Por ello, parece un poeta clasicista como consecuencia de su plena incursión en la generación del 36, diletante del soneto y de otros metros cultivados por poetas del 27 y de la preguerra quienes, a su vez, bebieron de los poetas renacentistas y barrocos.
Si sólo fuese de este estilo el resto del libro podríamos sentirnos dichosos por las posibilidades que abren las relaciones que el autor analiza y su lectura nos iba a ser igualmente provechosa. De este modo, se acrecienta la valía del poeta y el lector va conociendo las posibilidades que tiene una lectura provechosa de la obra de Miguel Hernández. Porque este libro es de buen provecho para todos los lectores posibles, tanto universitarios como estudiantes de literatura. Pero, en verdad, quien va a extraer un buen provecho de su lectura son los amantes de la poesía de Miguel Hernández. Porque la pureza de los versos del poeta, tan límpidos y claros como la luna de Orihuela, necesita un lector/a que disfrute con los poemas, que sepa profundizar hasta el tuétano de los versos del poeta sin suerte en la vida. Son tantas las anotaciones del profesor Díez de Revenga, son tantas y tantas las anotaciones puntuales aclaratorias, el mundo culturalista que circunda cada uno de los capítulos o artículos del libro, que parece este libro un tesoro, un pozo de cuyo fondo se pueden extraer tantas lunas como se busquen.
Es de notar la bibliografía que el profesor de la Universidad de Murcia va dejando, como jirones de sabiduría, tras su larga vida intelectual. Unas veces es Gerardo Diego, otras Miguel Hernández, otras la Generación del 27. Tuvimos la oportunidad de comentar los libros anteriores del citado profesor y ahora tenemos la suerte de hacer lo mismo con este libro sobre el poeta oriolano. Ofrece siempre productos no perecederos de los que se puede extraer alimentos útiles para mantener viva la inteligencia y continuar un aprendizaje fuera de las aulas que, en verdad, va a ser propicio para un mayor conocimiento del escrito y circunstancias del gran poeta de Orihuela Miguel Hernández, por tantas cosas vinculado a Murcia. Nada mejor que la lectura de este libro como homenaje al poeta del que el 28 de marzo se cumplió el 75 aniversario de su muerte temprana.

Y, para que ustedes vean lo que es la vida, la Lotería y Apuestas del Estado Español  homenajea a Miguel Hernández en el 75 aniversario de su fallecimiento. Y, hablando de fetichismos, el 30800 es el distrito postal de la Muy Ilustre y Muy Leal Ciudad de Lorca. Vaya por Dios. Poeta y lotería. Como Bécquer y la oda al dorso de un billete escrita.



miércoles, 17 de mayo de 2017

QUE CADA UNO SAQUE SUS CONCLUSIONES A LAS 23 HORAS DE HOY

Soy futbolero. El fútbol es una escuela para la vida. Hay un reglamento, un juez, una táctica, hace falta técnica en los jugadores, hay que jugar para el equipo y someterse al planteamiento del entrenador. Como si uno estuviese en una empresa privada. Luego están los aficionados, los opinadores y los alcaldes como el de Vigo. Y los ultras. El alcalde, echándole la culpa al Madrid de un hecho tal vez no bien gestionado, sólo intenta poner a la afición en contra del Real Madrid para que gane su Celta. No hace falta: ya lo hizo Luis Enrique en su etapa celtiña, cuando ganó tantas y tantas ligas y copas con este equipo de Mouriño.
El Celta de Vigo marchaba estupendamente en la clasificación, hasta tal punto que podía entrar en la clasificación para la Champions. Pero, alguien, en el club, se cree un adivino. Como tenemos un equipazo que puede ganar a cualquier, VAMOS A GANAR LA EUROPA LEAGUE. Luego resulta que no, que a pesar de que el alcalde le eche la culpa al Real Madrid, el Celta de Vigo es un equipo de mitad de la tabla, a pesar de sus enormes figuras, a pesar de esos jugadorazos que ahí juegan. Nada contra ellos, ni contra Berizzo, ni siquiera contra el Caballero alcalde de Vigo. La marcha de la liga pone a cada uno en su lugar (descanso) y al Celta en el puesto que se ha ganado a lo largo de la temporada. Como al Madrid.
Exactamente igual que el Celta, hay muchos equipos que ponen su objetivo de temporada en ganar al Madrid, aunque después bajen o promocionen. O no jueguen (no han ganado nada) la Europa League. Lo hacen por odio al Madrid o por ayudar al Barça. A mi eso me hace reír. El Madrid está donde está muchísimas temporadas seguidas y el Celta también. Y es obvio que el Madrid, cargado de partidos, debía buscar lo que para ellos era mejor, jugar el partido en su día. Si ahora, cuando el Madrid gane, sus jugadores se ríen del batacazo celtiña, que no lo harán, esos grandes jugadores que tiene el Celta se sentirán más humillados. O buscarán justificaciones. Pero hay alguien que ha pensado bien. Ganamos la League y ya estamos clasificados. Para ganar ligas y copas hay que tener más estructura básica que el Celta y que el Atlético de Madrid, que ya lleva unos años intentándolo.
Así que, dentro de unas horas, sabremos si las bravatas celtiñas son válidas o no. Pero el Madrid jugará la final de la Champions a pesar de todas las intrigas. Y si gana al Celta, aún le queda un punto por ganar la Liga. Pero, no creo que estando tan cerca de comerse el pastel, el Madrid se achante ante el Celta y pierda la liga. O ante el Málaga. Si me disgusta que el Madrid gane, es porque lo haya hecho ante un equipo que todos los años se juega su liga al final de la temporada y nunca la gana. Por eso hay que descalificar al Madrid. Vamos, Sr. Caballero: podría usted haber dicho lo mismo sin descalificar al Real Madrid y su actuación hubiera sido ejemplar para todos. Y que gane el que mejor juegue el partido.

jueves, 4 de mayo de 2017

UN CUENTO DE ALICIA

Tengo una nieta de 13 años que vive en Murcia. Escribió en marzo un cuentecillo y su profe lo envió a un concurso. Hoy, un whatsApp me anuncia que la niña es primer premio de cuento Santa Joaquina de Vedruna. Como abuelo bobo quiero compartir el cuento con los lectores de este Blog.

Alicia Madrid Molina, en el verano de 2015, en Dinamarca

“15 de septiembre de 2042
Diario de Ruta. Expedición a la Antártida.
Llevamos siete días caminando sin rumbo por el continente helado. Salimos doce personas y quedamos siete. El frío penetra en nuestros huesos a pesar de la cantidad de abrigo que llevamos. El avión no pudo continuar por la tormenta. No creo que nosotros aguantemos.
Nuestros pies son cuchillas de cristal. Nos falta oxígeno, nos falta ayuda, nos falta… tiempo.
En busca de una nueva forma de vida detectada, que según las coordenadas, se encuentra cerca de una base científica británica, pero nuestras brújulas y radares no funcionan. Estamos perdidos en un infierno blanco. El viento, el frío, la nieve, no nos dejan avanzar. No sabemos lo que buscamos, no sabemos dónde estamos.”

Paramos en un saliente con forma de cueva.
-Doctora, no podemos continuar. Las condiciones meteorológicas son pésimas. No nos quedan provisiones.
-Lo sé, lo sé…
- ¿Qué es eso? –dijo el doctor Hudson señalando una pequeña luz roja que parpadeaba en medio de la nieve.
Salieron corriendo sin prestar atención a la tormenta de nieve que los tiraba y zarandeaba.
Cuando se aproximaron más al punto rojo, vislumbraron una figura humana que gritaba. Se acercaron a ayudar a la moribunda persona cubierta de pieles y la llevaron a la cueva.
Cuando llegaron esta se desprendió de parte de su vestimenta, pudieron contemplar el rostro de una mujer con rasgos esquimales.
Cuando ella fue a hablar, de su boca salieron extraños sonidos. Hablaba otro idioma.
Intentaron comunicarse en francés, inglés, español y chino, pero ¡nada! Parecía que sólo hablara una lengua, una desconocida por nosotros.
Al cabo de varias horas conseguimos comunicarnos mediante gestos y sonidos. Nos dijo que se llamaba Kaissa, un nombre que tardamos en aprender a pronunciar. Dijo que era guía pero que la tormenta y la fuerza de su diosa la habían traído hasta aquí, un recóndito paraje de una zona como muchas otras en la Antártida.
Emprendimos el peligroso viaje dos días después. Hacía 63º bajo cero. Volvemos a ser 7.
Willson no superó la noche. El paisaje blanco, un día tras otro. No vimos rastro de vida alguna.
Cada vez me pesaban más los párpados. No podía caminar. Mis pies se hundían en la nieve.
De repente, se empezó a escuchar un zumbido que cada vez se hacía más potente. Un ruido ensordecedor. Una grieta se abrió a mis pies. Con cuidado de no moverme, giré despacio la cabeza. Una avalancha de nieve venía hacia nosotros. Toneladas y toneladas amenazaban con venirse encima. Por medios de gestos y diversos lenguajes intenté avisar a todos mis compañeros. No hubo tiempo. La nieve nos aplastó. No podía moverme. Era mi fin. Ya está.
Todo el viaje se acababa aquí. Cerré los ojos decidida a dejar el mundo tranquila, cuando algo tiró de mí con tal fuerza que me sacó de la sepultura. Cuando recobré el conocimiento, vi frente a mí la cara de Kaissa pegada a la mía. Le pregunté por los demás y se le ensombreció el rostro. No había más que decir. Nosotras dos solas debíamos continuar el viaje rumbo a lo desconocido.
Fueron las semanas más duras de mi vida, pero con Kaissa al lado, sabía que nada me podía pasar. Menos mal que había conseguido comunicarme con ella. Pensar que éramos personas tan distintas y que con sólo palabras habíamos conseguido entendernos.
Llegamos a la Estación Científica Británica. Forzamos la puerta y entramos. Estaba desierta. La nieve había cubierto gran parte del suelo. Hacía frío. No teníamos ningún radar. Los habíamos perdido en la avalancha. Desesperada, me senté y descansé por primera vez en todo el viaje. Al rato, me quedé dormida.
Cuando me desperté, Kaissa me dijo que debíamos reemprender la búsqueda. Y yo, sumida en mis pensamientos, no me di cuenta de que ella me llamaba.
Un gran oso polar se dirigía hacia nosotras con actitud amenazante. Temblábamos. Cuando el oso estaba a unos metros de distancia, se sentó y empezó a lamerse la cola. En ese momento pensé que nos iba a atacar. Pero no lo hizo. En cambio, nos dirigió un gruñido que parecía invitarnos a seguirle. No hace falta ser experto en idiomas para entender que el oso intentaba guiarnos.
Estuvimos horas siguiendo al oso, hasta que nos mostró una pequeña explanada de hielo. Ahí se encontraba lo que estábamos buscando. Esa nueva forma de vida. ¿Qué sería? Abrí el hielo y extraje un trozo desde cuyo interior unos leves destellos de luz me iluminaban el rostro. Miré hacia dentro y por primera vez en el viaje, una sonrisa se formó en la comisura de mis labios.

sábado, 25 de marzo de 2017

PARA PABLO, AL CUMPLIR DIECISÉIS AÑOS


Íbamos a hacer mi nieto y yo la ruta del vino al cumplir la edad en la que se permite un chato a los adolescentes que hacen su iniciación en la vida. Quizá tuviera yo más interés que él, porque ha pasado 2016 y ya llevamos un tercio del 2017 y nada. Hoy he visto el poema que escribí por si en un caso. Y, como no hubo caso, pues lo inmortalizo en el blog y así no se pierde.


Pablo no apaerce y Carlos se tapa la cara

Ahora, en este aniversario,
en este alboroto tan alegre
de voces infantiles unas,
juveniles las menos
–la de Pablo sí, el mayor,
de pensamientos aún breves–,
que cumplen años, gozosos,
mientras huyo del ruido para ser silencio,
reflexiono por ellos mientras el café
permanece intacto en la aventura de la tarde,
nada mejor que la periferia.

Ya soy edad y tiempos aquellos,
y, en consecuencia,
alguno de estos celebrantes de hoy
heredará mi letra y mi palabra
que, en su voz, será la misma y otra nueva,
azules ojos y párpados morados
cuyo sueño se convierte en secreto
a todas luces impecable,
limpio, sosegado, propio,
en el que gozarán mi ausente presencia
–todo cuanto quede en su memoria–,
la que les aventuré
cuando acompañados fueron,
al inicio de su adolescencia acorralada,
como pájaro en la troje sin ventanas,
como silencio sobre los mirlos:
se acaba tu niñez como la lluvia sobre el tejado.

Ahora te acompaño.
Cuando preguntaron –si lo hicieron–
mis hijos de padre severo,
seguramente,
a nadie respondí como ellos querían:
aún pesaba en mi espalda
mi niñez con tantas inquisitorias
caídas a lo profundo de la nada,
sin certeza de mí,
sin nadie a quien llamar,
no como tú, gozoso hijo,
aún corzo sobre la hierba nevada.

Y ahora escribo para que tú, Pablo,
te veas avanzando hacia la ruta del vino
pisado hasta el brindis festivo,
y observes
si sus labios silabean los tibios recuerdos
de lo que antes pasó entre todos
–ya llegó el tiempo a su soledad–
los que ahora te acompañan,
si inventamos un mundo nuestro,
porque lo de antes venía impuesto
casi de mala manera.

He guardado la vela obsequiada que llegó
cuando apareciste por la esquina
de esta casa alumbrada por las luces
que lleváis en el corazón de gacela.
Entonces mi mirada no parecía borrosa.
Posiblemente no entendía mis propias grietas
y arrastraba los pies para evitar
la nada habida en mis pasos vacíos
–nunca se sabe si se vive el día de después–
y beber la brisa que hería en la soledad ganada,
paisaje que luce luz entre el llanto
de la verdad sin alma que dejar
a la entrada del paraíso.

A cada casa de las vuestras
haré un lugar en el reino de mi madre,
que allí iré aunque sea de temporada.
Digo reino porque ella llegó antes
y espera la visita de sus hijos
y que les llevemos los nietos
para ver lo hermosos que están:
las niñas son como rosas en el búcaro.
Era para mí madre de rostro hermoso
y cuerpo azul
como si fuese ángel de fresca sombra.
Porque todo es mortalidad, acabó
cuando el auriga pasó
sin poder soportar la despedida:
aunque eso no se lo quise decir.
Por eso, desde mi corazón cansado,
nieto Pablo, ama a los tuyos
para que siempre los tengas junto a ti.

Digo estas cosas que son las que la vida enseña.
Algo tenéis que aprender por vosotros mismos.
Si no, ¿para qué vais a servir?

No todos, Pablo, han la suerte de tener,
para su intimidad,
un poema
en día como hoy,
cuando se entra en la adolescencia
como quien inicia un camino
sin saber a ciencia cierta
dónde desemboca el río que será de su vida.

Pero, mientras eso llega,
aprende a vivir feliz
cuanto te llegue como extraña travesura
que hoy ha sido recibida con vino:
yo también acompañé a mi padre,
alguna que otra vez,
a esos menesteres tan melancólicos,
tan emotivos,
que aún hoy me emocionan.
Contento estoy de que andes cercano
en día tan venturoso.

José Luis Molina

14 abril 2016

sábado, 28 de enero de 2017

SUBURBIO. Rafáel Sánchez Campoy. 1933




Estas callejas angostas,
estos hombres decaídos,
estas mujeres sin alba
me han herido.

He llegado hasta el suburbio
leproso, el suburbio tísico
de ensueños y de emociones...
Vuelven mis pasos vacíos
por el suburbio sin nombre
lacrado, hostil, necio, frío,
asmático de rameras
y corazones dormidos.

Dolor de ciudades claras;
sombra de engaño y de vicio.

Grises, grises; gris en todo:
obsesión y escalofrío.
Obstinación progresiva
de un gris sucio, repulsivo.

Grises las almas; el cielo
gris; el loco vocerío
de cafés y de pianolas
gris también.

Sombra y vacío
en las almas.
La muchacha
buena que aun no se ha vendido
tiene gris el corazón,
sin futuros de idealismo.

Sinfonía eterna de grises
en el suburbio maldito.

Madres grises. Las conciencias
grises también.

Gris el niño.­

Rafael Sánchez Campoy

martes, 17 de enero de 2017

VERANO EN POQUEIRA



En 1983, debí hacer un viaje familiar a la Alpujarra "granaína". Me debieron dar, o adquirí, que no recuerdo bien, un folleto que, días pasados, buscando un papel necesario, pero no hallado, me encontré y, ¡¡¡oh milagro!!!, doblado en su interior, un par de folios con un poema titulado Verano en Poqueira. En un tercer folio, manuscrito de mi puño y letra, se puede leer que cuando, por esos años, funcionaban las Aulas de la Tercera Edad, me llamaron para hablar a los que entonces eran como yo soy ahora, viejos, de un tema elegido por mí: la relación entre las Alpujarras y Lorca. Históricamente es el marco en el que se desarrollaron las guerras civiles de Granada que cuenta Ginés Pérez de Hita. En estas guerras intervino el "tercio viejo" o el "tercio roto" lorquino que se distinguió por su valor y su dureza. Para concluir, debí escribir el poema que sigue y leerlo. Me alegra recuperar de nuevo y ofrecérselo a quienes me siguen en este blog.

Garzo cielo y toda nube asombro.
Blanco nuevo a cada instante.
La mirada, como un gran angular,
tiende ya al acierto del valle
o escala la serena altura redonda,
hasta donde el verde calcinado
es por la nívea blonda invernal,
recuerdo luego por mayo, olvido
en este julio ígneo que es el
corazón del verano, luna redonda
en Lújar, sierra devorada,
¡oh fuego hediondo y negro!

Es sosiego la arista que sombra presta
al caminante fascinado por la albura
reberverante ante cada araucaria que pende
de gracioso tiesto que adorna balconada a
la sierra, chimenea inédita, techo de launa,
antiguo modo de estar en una intemperie,
refugio ahora, descubrimiento de un algo que
nunca debió ser abandonado.
                                              Siguiérase en el
sacrificio y hubiera menos daño en la frente
del que ahora es viajero extraño en la tarde
de la Alpujarra, con calor de árbol en verde
distinto al soñado cada día mientras estoy
de fiel servidor de cada instrumento
coche o artefacto necesario a cada hora
para entenderte entre el silencio que
buscas por los escondidos dedos de nieve,
simbólico esparcimiento, manera de errar
por la estepa de cada día en que soy.


Te dejas allí y detrás de cada blanco
-límpido hogar- aparece un pájaro nuevo.
Gayamente silba a la petunia que cuelga
de la sombra de las tres, mientras vino
viene del sestero y florecen arrullos,
silencios, coloridos nobles en que flotar
como agua, mientras surgen celestes formas
de algodón, caprichos albos que adoptan
pasiones irascibles, volubles quejas que son
grises lamentos, castigo por ser testigo
de tanta bondad como Pampaneira es, nueva
cada vez, lejana y sola, mientras escribo 
este diario de amor ante el cómodo silencio
de mi recuerdo.

23 de julio de 1983
José Luis Molina






domingo, 1 de enero de 2017

MENÚ PARA UN DÍA CUALQUIERA DE AQUÍ A REYES




Así que me fui a la cocina, busqué un cazuela de barro que había comprado para hacer arroz, le puse agua hasta su mitad, le añadí un par de hojas de laurel, una bola seca, un trozo de tomate, una tira de pimiento, perejil, una polvoreda de albahaca, estragón, tomillo, hierba buena, un chorro de aceite de oliva, y dejé que todo eso empezara a hervir. Miento, busqué media docena de gambas que había congeladas y las eché también al cazo. Dejé que hirviera un poco, como tenía pensado y, a los cinco minutos, cogí el arroz de Calasparra, puse tres puñados en la zaranda, lo limpié, y lo fue dejando caer con un cuidado amoroso sobre el agua hirviente. De vez en vez, durante los veinte minutos preceptivos de rigor, con la cuchara de madera tan quemada ya de tantas veces en la olla, removía todo aquello que olía ya a cielo bendito. Lo probaba de cuando en cuando cerrando los ojos y comprobando la evolución de aquel guiso que, por primera vez, estaba haciendo. Sin receta alguna. Lo he inventado yo, le dije. Lo sentía madurar entre mis dientes, ponerse tierno poco a poco. Cuando estaba ya casi a punto, cogí un huevo y lo eché encima de aquel arroz al que le faltaba un poco de azafrán de pelo. Me consolé con el colorante que encontré. Está a punto, me dije. Y corté el fuego, puse un paño de cocina sobre el cazo y dejé que se reposara. Así que, mientras aquello maduraba amorosamente, me serví un buen vaso de vino de Jumilla, fresco, que tenía guardado para las grandes ocasiones.

CHIVO PICANTE.

 Ingredientes: medio kilo de chivo (cabrito), orégano, cabeza de ajos, albahaca, comino, limón, perejil en polvo, tomillo, sal, una guindilla, un vaso de vino tinto, cuatro tomates, un vaso pequeño de aceite de oliva y ron. Preparación: en una olla de pone el chivo a trozos y se añade el vino tinto, sal, orégano, ajo, perejil, tomillo, albahaca, comino, guindilla y el limón (uno) a rodajas.  Se deja reposar unas horas. En otra olla, se echa el aceite y se pone el chivo y el condimento. Cuando hierva, se añade un chorro de ron y los tomates. Se deja hervir una hora. Se sirve con arroz o con plátano.

FUL MEDAMES (En copto, puré de habas)
Hierva ½ kg. de habas frescas peladas en una olla, con el doble de agua que de habas, a fuego lento, hasta que se consuma el agua. Se añade media cebolla, un ajo picado, un poco de cominos y dos cucharadas de aceite de oliva. Se tritura todo, se deja cocer cinco minutos en una cazuela, se salpimienta y se añade perejil picado.

GALLETA DE CHUFA

Se muele la chufa y con su harina y con agua se hace una pasta que se mezcla con otra de dátil y miel. Se les da forma cónica y se fríe con aceite de oliva.